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Modelo unisex de la política

El pepino español es inocente como todo fruto humilde, modesto y comestible: no se sabe que haya iniciado nunca una guerra, aunque su nombre aún salpique más de una crónica periodística; lo que ocurre es que al doméstico y pacífico pepino le delatan sus oscuros orígenes nacionales, el Sur de lo que llamamos Europa y sin duda es Europa al menos de boquilla es más promiscuo que el Norte y tiende a protagonizar mezclas que fuera de sus fronteras se juzgan perniciosas cuando no letales; el pepino tiene sin duda entre el electorado un componente relativamente honesto y puro, pues a menudo se le asocia con el símbolo del miembro sexual masculino que da mucho que hablar y ha de tomarse con preservativo -con la salvedad de que si a uno le conviene el póntelo, pónselo, con el otro es preferible el quítaselo, quítaselo, se sobreentiende que la cáscara o el pellejo-; la bacteria dañina con que se acaba de mezclar inconscientemente el pepino es o al menos debe ser como su nombre indica latina -la ecoli, procedente probablemente de la cola-, pues los alemanes tienen fama de ser muy ordenados y limpios con sus cosas y si se encuentran de pronto con alguna impureza en su casa la queman sin necesidad de pensarse dos veces si se trata de pepinos, de pepinillos o de pepes; Alemania no ha lanzado ningún pepinazo ni siquiera de alerta contra nadie, aún menos contra su tradicional aliado y sin embargo rival España, que en cualquier caso se lo devolvería enviándole un puñado de rosas a la nerviosa y querida Cornelia, pues en el fondo Zapatero es estoico como Séneca aunque no tiene huerto ni cultiva bonsáis -ni realmente nada- como el célebre moralista cordobés y Felipe el socialista sevillano que a su edad se anda todavía con problemas con la ética; Mariano, ya se sabe, no es inocente, pues no echa una mano al gobierno a la hora de tragarse la indigesta pepinada y deja solo a su cabeza visible con la copiosa ensalada que el pobre se trae entre manos de hace tiempo; Mariano es gallego y -para seguir con los tópicos nacionales- si nos lo encontramos en el rellano no sabremos si sube o baja las escaleras, aunque pensemos no sin cierta inocencia que se halla parado y a la espera de descubrir si los parados verdaderos suben o bajan para obrar en consecuencia; en general le pasa al pepino lo que por lo que se ve le pasa a la política, que no es de derechas ni de izquierdas sino que es lo que hay y punto, de modo que si la corrupción le alcanza ni los de un lado ni los de otro se lo comen y se culpan entre sí del misterioso pepinicidio como si no hubieran sido pillados todos con las manos en la masa; la suerte del pepino ya está echada, si no se vuelve loco y acaba pudriéndose en una triste y aséptica residencia de la edad intempestiva terminará sirviendo para hablar de cualquier cosa que no tiene nada que ver con su salud ni con sus enfermedades; pudiera ser al fin y al cabo que el pepino andaluz tuviera la fama y la soja hamburguesa -o cualquier ingrediente de la hamburguesa propiamente dicha- cardara la lana, pero a estas alturas de la historia ya no se puede pensar en la verdad de las cosas sino más bien en la guerra y su propaganda, pues entre los europeos es todavía frecuente que la nacionalidad condene a unos y salve a otros sin necesidad de juicio ni aún menos de justicia; la Merkel, claro ejemplo del modelo unisex impuesto a la política, no quiere problemas a la hora de ir a atender su alegre puesto de verduras al mercado o mandar a su esposo a que lo haga y se faje con su selecta clientela, pero seguro que pasado el tiempo se disculpa y no le importará nada a nadie, porque todo el mundo creerá única y exclusivamente en la fuerza soberana del pepino como hasta ahora ha hecho sin mayores problemas: para qué necesita a la razón al fin y al cabo el que lo tiene más hermoso y grande que el resto si además aún cuenta con un buen puñado de tópicos y refranes con el que se halla más que dispuesto a tirar Europa adelante y sin miedo ni vergüenza.

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