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La cacería humana

El responsable es el que aprieta el gatillo, no el que convierte al baleado en blanco: blanco no precisamente de feria, pero sin duda baleado como mero monigote de feriante. Pim, pam, pum: bang, bang, bang. ¡Qué diferencia hay, desde luego, entre unos sonidos y otros! Un arma de disparo espiritual no mata realmente, pero si encuentra en su camino un creyente en vez de un cínico ya puede el espiritualmente disparado encomendarse a la protección de los hombres, pues de los dioses no puede esperar ni el amparo del último y definitivo: hay incluso quien cree hasta el punto de sentirse atacado con palabras, aunque aún no vea en este ataque simbólico el prólogo de una guerra demasiado poco figurada contra él y los suyos. ¿Los suyos? Los suyos, o sea, los descendientes de los monos: ¿qué puede esperar un simio de las criaturas diseñadas inteligentemente? Pan y misa si saben comportarse, pero leña al mono, que es lo que siempre hemos dicho, si olvida quién es y además pretende que todos pertenezcamos a su gran familia, pongo por caso. Entendamos, pues, que hay una violencia pacífica y otra violenta, tan pacífica la una que solamente alguien demasiado sensible puede calificarla de violencia: una palabra salida de la boca: tú eres un salvaje, es a pesar de todo una palabra, incluso una palabra inspirada por el espíritu, porque únicamente el espíritu puede realizar tales manifestaciones. Lo que en cambio no dirá nunca, la oración que nunca pronunciará es: yo soy un mono, pero ¿qué hacer ante tales manifestaciones? ¿Quién es su auténtico responsable? Seguramente un tipo que al menos ha de oír la verdad de nuestros labios: tú no tienes alma, eres un verdadero desalmado, quizá la única verdad que tú conozcas. ¿Ha comenzado por fin la cacería? Mono o salvaje no importa tanto, porque el baleado bien poco vale: pero empezó a cobrar este valor de pura boquilla. Una de las características más acusadas de nuestros buenos de oficio es lo malos que son con nuestros malos de convención: malos de palabra por supuesto, porque de los de obra y acción ya no quieren saber nada. Es una violencia pacífica, doméstica, oral, que no tiene que ver con salir de casa a cazar hombres, mujeres y niños.

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