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Los sin flujo

Lo peor de los recortes no es lo que a uno le quitan sino lo que le dan, porque también el hambre -el ahogo, la carencia- crea: uno puede quejarse de que le estén matando de hambre, pero en realidad le están haciendo una vida como un pan --en rigor la vida de un ser como nacido del revés: un tipo sometido a la necesidad, quizá resignado a su suerte, en el que sin embargo es perfectamente comprensible y razonable el lamento e incluso alguna que otra manifestación de descontento y protesta ante la situación --sin alzar demasiado la voz, claro, pues el exceso no está en absoluto contemplado en el diseño de esta creación por la que uno tiene todo el derecho a nacer llorando y vivir entre lágrimas, pero poco más. Pero el hecho es que el recorte produce y esta producción es lo peor que puede esperarse de él: cuando a uno lo recortan lo paran, lo frenan, lo sujetan, y todavía pretenden que asuma la nueva creación que, pongamos x, están ejecutando sobre él. Recortado, uno empieza a formar en el batallón de los sin flujo, una categoría general poco estudiada: el recorte es en verdad una reproducción. No importa tanto que uno esté parado cuanto que no corra, no baile, no avance: es esencial que vuelva a apreciar los valores del sacrificio, la renuncia y la abnegación, y sus efectos más fundamentales: la construcción de un tipo contenido y apocado incluso a la hora de respirar. Quizás hay que fastidiarse, pero sobre todo alegrarse de volverse a descubrir y encontrar preso de la necesidad y sin posibilidad de escapar, incluso sin oportunidad de elegir, porque ¿qué va a elegir uno si lo que desea en realidad le va a conducir inevitablemente a la ruina y la destrucción? Libertad, sí, pero para realizar la elección políticamente correcta y económicamente adecuada. El amor al sufrimiento vuelve, pero también la recompensa de la reconstrucción de una vida responsable y consciente para la que no hay alternativa: el recorte o la nada. ¿Quién sería en estas condiciones el insensato, el suicida o el insolidario que osara siquiera pensar en elegir de verdad? Elegir es reproducir el orden y todas y cada una de sus estrecheces y apreturas, elegir es abortar el caos y sus aperturas y liberalidades. El recorte es un repaquetado, el recortado es un paquete presto a expedir de nuevo al mercado.

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