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Contra el otro siempre viviremos mejor

Los españoles no defienden a los suyos, simplemente atacan a los demás: no montan un acto político en defensa de un amigo en cuyo discurso no destaque con holgura el ataque al enemigo. No es la alabanza del propio sino la censura del extraño lo que practican, pues no aman a su igual sino que lo utilizan para lanzar contra su diferente todo el odio acumulado sobre él. ¿Qué puede hacer el defendido?, ¿cómo defenderse de sus defensores? ¿O bien cómo participar de esta orgia a la inversa? El placer de uno es el dolor del otro, su alegría es su sufrimiento, su dicha es su desgracia: uno es el antiotro, sin el otro el español tiene que inventarse a sí mismo y le cuesta, no está acostumbtrado sino a negarse y lograr un simulacro de amor propio sobre la base de la negación y el odio al diferente convertido en contrario. Los demás no son nadie, pero si pretenden un día empezar a ser alguien sufren incluso sin saberlo una transformación sorprendente que sin duda les deja perplejos y con la boca abierta: son de pronto los que odian y atacan a uno, los enemigos del que es, los agresores del que ha llegado a ser uno y el mismo, el único, el bueno y el verdadero --culpables no sólo de querer abatirlo sino también de no reconocerlo, de no someterse, de no arrodillarse ante él y seguir su fe y profesar su doctrina. Culpables, en definitiva, de errar, cuando hay un modo infalible de no equivocarse, el cual puede resumirse en dos palabras: cada cual con los suyos. Con los suyos uno es siempre el que merece la pena, pero qué pena, ay señor: ser, no de los otros, o sea, de los que cada cual es cada uno, sino de los del grupo en que cada uno deja de ser el que es para ser como cualquier otro. En este sentido no hay amigos ni enemigos, propios ni extraños, sino el que actúa por sí mismo y el que hace lo que los demás: lo que le dicta la masa. En otros términos, no acaba de irse cuando parece que vuelve el español que, porque no piensa por sí, en realidad no piensa: es decir, no es quien es él sino que él es como el resto. Contra el otro siempre viviremos mejor.

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