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El mundo al revés

Marruecos se defiende, qué otra cosa podía hacer: se puede ser bueno pero no tonto, y Marruecos no iba a permitir confusiones sobre este punto clave de la moral. ¿Qué se creían ustedes? Cierto es que la ingenuidad marroquí se dejó engañar por los sorprendentes fenómenos del desierto a causa de los cuales creyó ver una población autóctona alegre y feliz adherida lealmente al buen gobierno de la monarquía alauita, pero se trataba de una alucinación, es evidente: en realidad el campamento era un nido de rebeldes que se dedicarían como siempre a sembrar la destrucción y el caos por todo el territorio saharomarroquí. Armados de piedras y palos, estos pájaros de cuidado se lanzaron en tromba contra el pobre reino indefenso, que hubo de responder, aunque de modo justo y proporcionado, por mero instinto de conservación y sobrevivencia a la súbita avalancha de aquella horda traicionera y cobarde: ¿cómo lo hizo? Se armó, no tuvo más remedio que hacerlo, de unas potentes mangueras de agua a presión y procedió a efectuar a chorro limpio el desarme de aquella chusma recubierta de una mugre, hay que atreverse a decirlo, más propia de su etnia que de otra cosa: de esta sencilla manera se limpió el forro a más de un pobre desgraciado que a partir de este momento ya no vería manchadas sus manos de sangre debido al uso alborotado y criminal de piedras y palos y, de tan limpio y transparente como quedó a consecuencia del providencial aunque forzoso lavado, ya ni siquiera se le vería más, pues hoy es aún el día en que se desconoce dónde está, si es que está en algún lado, a pesar de que la prensa hable de varios cientos de centrifugados aquí y allá: la prensa, ya se entiende, del malvado enemigo, pues la marroquí tomó el mundo del revés y lo puso del derecho en un instante. ¿Algún muerto por culpa de un manguerazo ejecutado sin la precisión suficiente? Al contrario, en todo caso los fallecidos fueron dos o tres que se apalearon y apedrearon a sí mismos, pues además de malos tontos, qué le vamos a hacer. Porque agua y jabón, mucho jabón, es lo que se utilizó allí, ni más ni menos, para que todo quedase limpio y claro como se debió hallar siempre: Marruecos es una parte esencial del Sahara, cuna de la nación marroquí y lecho de la monarquía que lo gobierna desde los principios de igualdad, libertad y fraternidad, pero los auténticos y verdaderos, o sea, los orientales, y no se puede desgajar de él sin sufrir un grave e irreparable menoscabo de la integridad territorial saharaui. Como ha señalado oportunamente la prensa auténtica, el propio rey se eligió de entre las tribus y clanes del vasto desierto que rodea hasta hace unos pocos días amenazadoramente -culpa de la conspiración argelinoespañola que se halla en el fondo- las aldeas, pueblos y ciudades sujetas libre y voluntariamente a la autoridad soberana de su democrático, popular y campechano monarca... ¿alahuita? Saharauita, saharauita, más bien. ¿Qué se creían ustedelas? Las cosas son como son, no se extrañen por tanto de que si se anda de cabeza haya que terminar pensando con los pies.

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1 comentario

Maria Jose -

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Maria Jose
delpilar1011@hotmail.com
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