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Los muertos

Uno diría, si se le permitiese intervenir en esta guerra, que los muertos existen y no existen a la vez, aunque es indudable que se trata de una existencia e inexistencia simultáneas extraordinariamente singulares: se les conoce con nombre y apellidos, a cada uno con los suyos por supuesto, pero sin vida, no como muertos sino dando ellos lo que tantas veces constituye el modelo para los que aún viven y se encuentran en el punto de mira de la muerte --pero desde luego sin que todavía se pueda decir de estos extraños seres que existan y no existan a la vez. Tan sólo viven y, por lo tanto, aún se encuentran sumergidos de lleno en mitad de esta incertidumbre e indeterminación tan típicas de los vivos: sumergidos pero no enterrados como se deben hallar los muertos, aunque a veces no todos lo estén, con lo que su estatus se complica bastante más. Estos segundos muertos existen y no existen y se hallan en la superficie y no bajo tierra y son tan importantes o más que los primeros, los que se podrían llamar muertos normales y corrientes, aquellos a los que no se les da más y más vueltas: no se les olvida pero se les deja descansar en paz, los vivos ya no se agarran a su cadáver con un amor que no les servirá para seguir adelante con sus vidas sino que poco a poco vuelven a vivir de nuevo después de llorar al difunto como se hace en cualquier lugar civilizado. Pero, en fin, uno cree que si se le dejara participar en esta guerra un tanto atrasada que se ha declarado de pronto quizá podría aportar una solución que, aunque no del agrado de todos, acabase por fin con ella: probablemente, diría, Dios existe y no existe a la vez, Dios existe pero sin vida y Dios no existe vivo pero sí muerto, porque con toda franqueza y sinceridad otras formas de existencia no se conocen todavía o apenas se conciben ni se entienden. Lo que es seguro es que, se hallen enterrados o sin enterrar, los muertos existen y no existen a la vez, y una guerra de muertos quizá se puede tolerar pero difícilmente desear en nuestras sociedades abiertas pero con autobuses y cementerios, unos para los que viven y otros para los que se han muerto --vivos y muertos que existen para el mundo, para los hombres, para la tierra: qué más da por ahora que unos se hallan compuestos, otros descompuestos y otros más en proceso de descomposición, si cualquiera de ellos da aún juego --demasiado es jugar.

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