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El fanático de la acción o acción total

El mundo es ya el gran escenario de una película de aventuras peligrosas e incluso fatales a cuya filmación todos estamos invitados, pues a todos nos reserva su generoso autor un papel importante en este enorme set al que hemos sido arrastrados, porque es una realidad y no una ficción de sangre y fuego rodada por un fanático de la acción tal y como hoy día la entendemos cada vez más: bombas, tiros y metralla en medio de la paz y en confusión del asesinato con la guerra y del asesinato masivo con la guerra moderna. La muerte, y no simplemente la victoria sobre el enemigo, es la última escena del rodaje y quizá el argumento básico de todo el film, que también puede buscar desencadenar la guerra definitiva como vehículo para alcanzar su fin, sin duda el final de todos y la victoria última y extrema de la nada y la destrucción porque sí, o sea, porque no: el odio y el desprecio de los hijos de la rabia, la ira, la venganza y el amor al Único, al Puro, al Verdadero. Todo le sirve al director de de esta película de género verdaderamente negro, porque si no le vale la verdad lo hace en cambio la mentira y ya inicia su rodaje retorciéndole el cuello al más pintado: la guerra no es más que el acto de matar, la paz una manera de morir y nada más, y el mundo el inmenso plató en que un director bestial y criminal de tan excelso escenifica su visión personal de las cosas junto a un puñado de actores que son realmente unos monstruos al servicio de la matanza purificadora y la sangría redentora de la humanidad. Él filma en Bombay o en Hawai en dieciocho localizaciones diferentes a la vez, porque su presupuesto es millonario, algunos dicen que bajo bandera pirata, una película política y de mensaje con la que pretende transformar el mundo, y de hecho lo hace, en el sentido en que en él crea, bajo un falso amor a la muerte, la nada y, como confunde una y otra, no cesa de rodar escenas de sangre y visceras que él identifica con la antesala de secuencias donde acabará por brillar el más puro y luminoso vacío, la luz cegadora y deslumbrante de lo que no hay, una vida sin vida como una película sin movimiento que no será posible contemplar e incluso disfrutar sino después del éxito universal y absoluto de la de acción total, o sea, sanguinaria. ¿Qué hacer? ¿Salir corriendo del cine? ¿Pero a dónde ir si en todas partes, en Londres, en París, en Nueva York, Bangkok, Berlín o Rabat, puede haber una copia esperándonos? Es una peli de miedo, desde luego, pero cerrar la sala no es tampoco la solución. Quizá haya que entender que el mundo ya no es un lugar para turistas, sino para aventureros, y actuar simplemente con valor, no interpretando el papel de víctima ni el de verdugo. Porque, en cualquier caso, nada es también la vida en la sumisión y fidelidad y sin la libertad.

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