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El curandero de la política y asesino de la salud

El país ya no es lo que era, el curandero que lo trató con tan mala fortuna está entre rejas: los europeos no han entendido la inmensa labor positiva que intentó realizar entre dificultades e incomprensiones sin cuento precisamente por medio de la destrucción de lo diverso, o sea, de lo enfermo que amenazaba la salud de su nación. La destrucción al servicio de la creación, la matanza al servicio de la curación del mal gracias a la cual el buen asesino devolvería a la patria lo que gran parte del mundo sueña aún para la suya: la limpieza étnica, la pureza racial, la integridad moral, la unidad espiritual e incluso la superioridad cultural, por no hablar de la grandeza política, la fuerza económica y el respeto social. En otras palabras, el valor de lo uno y bueno a partir del exterminio de lo que recibe el antivalor de lo malo y otro: ¿quién no lo ha deseado alguna vez para su tierra? Claro que nuestro curandero a la sombra pretendió hacer realidad sus deseos y fracasó por culpa de los entrometidos europeos de ambos lados del océano: unos tipos que han olvidado el apego a la sangre, el amor a sus raíces y el afecto a los suyos. Pero no todo estuvo perdido sin embargo: el  brillante político pudo durante un cierto tiempo de oscuridades entregarse a su vocacion más íntima y privada, la curación del hombre, el bien del cuerpo a través del alma. El asesinato fue perfecto, pues ya no hubo de tratar con extraños: todos los que acudían a su consulta eran clientes voluntarios. Una vez más aniquiló en sus clientes uno por uno la razón, la ciencia, la reflexión y el conocimiento, siguiendo esta vez una inteligente vía indirecta que, aunque más larga y trabajada, quizá hubiera resultado más segura y exitosa de haber contado con el imprescindible reconociminto de los extranjeros. Porque, como un inocente o, mejor dicho, un inocentón más, el curandero de la política y asesino de la salud está preso y no muerto como cierta justicia quizá tan plebeya como patricia habría asegurado, sin duda porque sus secuaces aún tienen poder y sus combatientes aún tendrán que librar la última batalla que por supuesto no quieren: sin duda habrá que tratar aún con magos que sacan de la chisteria un blanco y suculento conejo mientras unos les pillan en la trampa y otros, los tontos, les aplauden, como aún le están aplaudieno a nuestro salvador matarife, el numerito.

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