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¿Una o varias hordas?

¿Una o varias hordas? Los bárbaros de España crean una horda, pero los creadores no son lo mismo que las criaturas: al contrario, son sus príncipes, es decir, los principales, los mejores en el periodismo, la política, la sociedad, el deporte, la economía e incluso la cultura. Ellos construyen la estúpida, atroz y satisfecha horda, que pocos daños ha ocasionado para el inmenso potencial de destrozo que encierra --quizá porque no ha logrado extenderse con igual o semejante fuerza a toda la península: en algunos lugares la horda obedece a otros principales, que quieren también la suya propia, una que en vez de nacional sea nacionalista, y la quieren tan reconocida como la tiene Madrid, que es oficial en todo el mundo. Los bárbaros del centro frente a los de la periferia, hordas contra hordas de la nación de naciones de la patria. Porque todos somos iguales o al menos lo son ellos, que no es poca cosa: los creadores son en todas partes lo mismo, tan humanos, humildes y sencillos como cualquiera, sin parecer siquiera los dioses constructores del populacho, sino tan sólo sus seguidores, ciertamente unos más de la horda, sus cabezas visibles, sus oscuros corazones, sus oídos atentos y sus ojos despiertos. ¿Qué ven los jefes? El poder y la gloria, pero lo que no ven sus subordinados es que el poder de su respectiva horda no es más que el de sus jefes convertidos en dioses: el bien de España que celebran entre incontables monerías no es más que el de sus artífices, que ya no miran por diferenciar al pueblo de  todas sus degeneraciones sino por identificarse con él para continuar generándose en la cima de la populachería. Qué finos son los príncipes y qué buenos los súbditos si les obedecen y no van más allá de lo necesario, si respetan sus templos y palacios y acaso amenazan a los de sus rivales si es lo que conviene: amor de la horda a sus conductores y de los bárbaros que la construyen hacia la horda que los lleva en cabeza. Pero ¿una o varias hodas? La cuestión, ay, queda abierta, pero en todos los sitios son también iguales las criaturas: en el fondo unas sentimentales incontroladas capaces de todo y cualquier cosa.  

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