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<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>http://FelipeValleZubicaray.blogia.com</title><link>http://felipevallezubicaray.blogia.com/</link><description><![CDATA[ el pensamiento privado y los poderes públicos 
]]></description><ttl>60</ttl><pubDate>Mon, 16 Nov 2009 21:44:17 -0600</pubDate><generator>http://www.blogia.com</generator><item>
<title>El dinero no puede</title>
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		<description><![CDATA[ El dinero no puede con el juego (y, en general, el gobierno con los jugadores), pero no es el azar el que lo conduce a la impotencia sino el que no mantenga con el azar la relación que en cambio mantiene el jugador: una relación de amor... 
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	<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 21:42:00 -0600</pubDate>
<category>Alcorcón</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">El dinero no puede con el juego (y, en general, el gobierno con los jugadores), pero no es el azar el que lo conduce a la impotencia sino el que no mantenga con el azar la relación que en cambio mantiene el jugador: una <em>relación de amor</em> que quizá desprecia y de la que sin duda está en la ausencia y la ignorancia el que apuesta por el dinero. Los que apuestan no son los mismos que los que juegan, ni siquiera son exactamente espectadores: son los que evalúan a los jugadores no tanto por su valor como por su precio y, acaso confundiendo uno y otro, deciden por quién jugarse el dinero, que indistintamente como medio y como fin es para los apostantes lo mismo que el éxito. Pero prescinden casi por completo de lo que es privativo del juego: el azar, la suerte y, por supuesto, el <em>deseo</em>, la capacidad de afirmación e implicación en él y con él --el no tener más capital que el del juego, ni más patrimonio que el de ser un jugador, ni más salario que el de jugar. En otras palabras, el hambre y una saciedad que nadie alcanza sino con un nuevo y más grande apetito, con una <em>nueva y más fuerte necesidad</em> de ponerse a jugar, de vestirse de jugador, de ofrecerse al juego como a la prueba que le revelará quién es realmente él, cuál es su amor, cuál su destino, cuál su felicidad --o su desgracia. Deseo de seguir el juego, de continuar la aventura, de <em>proseguir la suerte</em> --recién descubierto el reino de la casualidad, rendirse a él en cuerpo y alma, y actuar sin malicia, inocentemente, como un jugador, un chaval, un crío. Porque es una fortuna que las cosas sean como son: un <em>puro juego de azar</em> al que hasta los apostantes han de aprender a jugar más allá del cálculo de probabilidades, cuando salta la <em>sorpresa</em> y aparece de pronto la verdadera <em>naturaleza</em> de lo que nos traemos entre manos.</span></p>	
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<title>Lo que no se pilla es la honradez</title>
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	<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 16:17:00 -0600</pubDate>
<category>La corrupción</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">Señores corruptos, o sea, señores políticos: un ciudadano les ruega encarecidamente que, en todo lo que no se trate del poder, no se guíen única y exclusivamente por el poder, sino por otra cosa --aunque quizá no sepan muy bien de qué se trata. Porque ¿de qué otra cosa que no sea el poder se puede hablar en todo caso? ¿Acaso de la libertad? ¿Tal vez de la justicia? ¿Quizá de la verdad? El poder es una realidad que se cierne sobre todas las cosas, de modo que las cosas se han de acomodar e incluso arrastrar detrás de él de ser preciso, pues si se alzasen por sí mismas podrían chocar contra él y provocar la caída del sistema, que no es tan fuerte y resistente como se cree: un golpecito aquí, un poco de verdad más allá, y el pobre se va al suelo mientras las cosas, descontroladas, se echan a rodar amenazando incluso su propia existencia, la libertad frente a la seguridad por poner un ejemplo, no sólo el marco que encuadra una tras otra a la totalidad. Porque ¿qué se puede esperar de una libertad que se encuentra sola y puede por tanto campar a sus anchas? Posiblemente la destrucción, legalmente el crimen y socialmente el caos --además de políticamente la revolución, o sea, <em>la no política</em>, <em>la no corrupción</em>: ¿o acaso no se ha conducido con indudable éxito lo diferente hacia el espectro ciertamente fantástico de la barbarie y el salvajismo, el horror de la mente y el temor del poder a la realidad, el miedo a este preso al que se ha de vigilar muy de cerca porque en cualquier momento se puede dar cuenta de que no vive en libertad a pesar de que se le permite casi todo: por seguir con los ejemplos, hablar sin cese, el sexo sin contemplaciones, aunque también se le advierte de los riesgos de ser él y nadie más que él, o sea, un desconocido que se halla por hacer? Pero no se aproximará el peligro a las inmediaciones del sistema por medio del lenguaje por el lenguaje o el sexo por el sexo, sino al contrario: no puede haber mejores aliados que los que se confunden con el enemigo de tal modo, que se sirven de él sin tener que recurrir al empleo de la pura fuerza como con los amigos. En cualquier caso la última palabra se encuentra en manos de la justicia, porque el poder se halla muy repartido, la corrupción también, y de algún modo se ha de llevar el <em>control del modelo</em>, que al fin y al cabo es de lo que se trata: una libertad que se desata de pronto y una verdad que al fin se asoma más allá del escenario, pero ¿y una justicia que no captura a aquella parte del poder que se salta el control derivado de su propio sistema? Ciertamente, tampoco se puede desear el dinero por sí solo, pues antes que nada se trata de mirar por el poder según el cual todas las cosas se ajustan como se deben ajustar a su principio para el equilibrio y la estabilidad de un conjunto con cuya conservación quizá no se soluciona nada pero, entre simulacro y simulacro, se mantiene el dominio de la situación y un lugar superior y externo a las cosas desde el que gobernarlas, someterlas y ordenarlas al fin esencial del poder, que es él y después lo otro, su <em>sostén particular</em> como objetivo y la <em>sujeción general</em> como resultado, porque en realidad la disminución de verdad, libertad y justicia en el sistema es un dato meramente secundario. De modo que, en un sentido amplio, la corrupción quizá no es más que la extraña necesidad de lo que se podría llamar la <em>militarización de la verdad</em>, la <em>politización de la justicia</em> y la <em>estatalización de la libertad</em>: se coge cada una de estas cosas y se las pone todas juntas al servicio del dinero. ¿Del dinero? Del poder: porque la corrupción es el <em>dinero del poder</em> --se atrapa el dinero y se lo pasa de un lugar a otro hasta que ya no se mueve más, o sea, se queda tan quieto como debiera. Se trata de un éxito más, aunque esta vez quizás inesperado y peligroso, de los <em>aparatos de captura</em>: se trata, en fin, del descontrol que se halla implícito en el dinero. La corrupción o el dinero del poder, el poder del dinero, el dinero del dinero, el poder del poder: la corrupción o <em>se pilla todo lo que se puede</em> --y lo que no se puede es la honradez, la limpieza y la integridad.</span></p>	
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<title>La hora de la libertad no es una fiesta</title>
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	<pubDate>Tue, 15 Sep 2009 19:16:00 -0500</pubDate>
<category>Arenys de Munt</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">La hora de la libertad es una hora grave, de una tremenda responsabilidad, de una seriedad inmensa, que impone: es, junto a la de la muerte, la hora de todas las horas, la del nacimiento a la vida con todos sus peligros, incertidumbres y amenazas. Una hora dichosa, pero dramática: ¿qué ocurrirá? ¿Será un alumbramiento feliz para la madre y para el hijo? ¿Ya estará el padre a la altura? Y además hay que hallarse preparado para el día siguiente, y para el siguiente. No puede ser un acto sin consecuencias, meramente simbólico y, por otra parte, ficticio: alegría sin lágrimas, risas sin dolor --pero también sufrimiento sin parto, aborto con desesperación. Una frustración más. Un simulacro. La hora de la libertad no es una fiesta, un juego ni una verbena a rebosar de inconscientes que no quieren parir un nuevo ser sufriendo como las mujeres sino conservar al mismo viejo resabiado de siempre protestando que alguien no les permite divertirse como si fueran chiquillos. Es la manera que estos hombres tienen de engendrar lo que ha de nacer y ser su hijo, encargado en una noche de embriagador sentimiento y embriagada razón para los días que quedan: un proceso realmente descorazonador para todo aquél que deseara nacer de verdad a la libertad y morir también de veras para la democracia en la que la libertad sobrevive enclavada en la prohibición, el temor y la sumisión al poder de guardia. Porque después de la embriaguez viene la reseca y uno no está ni para ponerse de pie, que es por donde hay que empezar, desde luego: por ahí y por vestirse los pantalones por los pies, respirar por el hueco de la nariz y no por la herida de la boca y, sobre todo, renunciar al cargo y los oropeles --lo demás es pegar otra patada en el culo al prójimo y gastar el día anterior, importantísimo, en ensayarla. O sea, en repetir una vez más la bronca, el lío y el alboroto.</span></p>	
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<title>Los delitos invisibles</title>
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	<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 21:29:00 -0500</pubDate>
<category>La Esteban</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">No es noticia fresca que la población se halla sometida al chantaje emocional tras el que avanzan los más astutos criminales disfrazados de bellas personas preocupadas por el bien del prójimo: ¿quién se atrevería a resistirse ante semejantes hipócritas ejemplares? La salud de los fumadores, el bienestar de los parados, la libertad de los jóvenes, la igualdad de las mujeres, el futuro de los niños, la dignidad de los consumidores, el socorro de los débiles: con una buena causa a mano se puede lograr una fortuna, iniciar una guerra, ocupar un gobierno y, en fin, hacerse con un nombre y una fama. La población se lo cree porque no puede sustraerse a un chantaje que protagonizan con el corazón los triunfadores: ¿cuándo se ha visto que estos señores sean unos criminales tan maquiavélicos, que sus delitos queden impunes? Y es que se trata de los <em>delitos invisibles</em>, las <em>causas blancas</em>, los <em>fines transparentes</em>, con la particularidad de que el tipo que se entrega a su servicio tiene garantizado el poder: por ejemplo, el dinero. ¿Qué reprochar al que se suma incluso en un principio de buena fe o fe ignorante a este movimiento exitoso imparable? Posiblemente no haya sentimiento, o sea, resentimiento en la que se ha adjudicado últimamente entre nosotros el papel de madre coraje, sino tan sólo un aprovechamiento de las oportunidades que le ofrece el sistema, un cálculo de intereses riguroso y un afán de ganancias no sólo legal y legítimo sino además común, universal y extenso como una mancha de aceite cuya fuente no deja de verter como si se tratara de un río de oro negro sin fin y sin principio. La que fuera esposa y madre de la primera de las hijas del torero de las bragas de esparto se ha hecho un sitio en la sociedad a base de defender a todas horas a la niña: pero ¿cuándo dejará en paz a la chiquilla y concluirá la guerra con que se enriquece a costa del que fue su breve y por fin silencioso marido? Evidentemente, motivos más económicos que sentimentales se lo impiden; pero es que la plaza del pueblo resulta un lugar muy rentable para los medios que se han adueñado de un espacio que ayer fuera de todos y en la actualidad controlan casi exclusivamente -por medio de exclusivas y sin ser exclusivos para nada, para mayor burla y escarnio del festejo-, y la avaricia de unos alimenta la de los otros en una especie de círculo vicioso de la virtud pública empujada por la creación natural o forzada del inevitable conflicto. Quizá no se pueda olvidar, sin embargo, que el dinero y, en general, el poder tiene la <em>capacidad de arrastre</em> suficiente para conducirnos a todos al vacío más ordinario y profundo, porque a pesar de lo que se cree el dinero no está solo sino que más tarde o más temprano se encuentra siempre con él el solitario que lo ha ganado dejándose según él la piel en el camino: al final el poder es la nada, este poder soberano e impotente, cuando ya no se cree ni se puede creer en el noble objetivo del bien de la niña. ¿Qué pasará en el inmediato futuro? Aparentemente nada, o sea, lo mismo que en el presente; pero quizá se abra un agujero que acabe tragándose a la cándida, pícara y desdichada cieguita de nuestra población sujeta a la pantalla. La pobre carece del dinero y el poder necesarios para mantenerse flotando continuamente sobre el vacío como una poderosa e imponente atracción de feria y, sin tales cantidades de materia y energía, nadie se puede permitir el lujo de prohibir esta o aquella libertad a unos u otros en nombre del más alto propósito de la conservación de la gran familia del circo de las buenas personas, altruistas y desinteresadas, con sus cuerpos huecos y sus mentes planas. Vivimos en medio de la espectacular economía de la miseria.</span></p>	
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<title>Divino de los pobres</title>
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		<description><![CDATA[ Si juzgó a Pinochet, ¿cómo no juzgar a Franco, que al fin y al cabo es de entre todos los dictadores el suyo o al menos el más cercano? Esta es la prueba de la verdad de Marte, el dios que somete a juicio a la guerra, pues... 
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	<pubDate>Thu, 10 Sep 2009 20:20:00 -0500</pubDate>
<category>Garzón en el Olimpo</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">Si juzgó a Pinochet, ¿cómo no juzgar a Franco, que al fin y al cabo es de entre todos los dictadores el suyo o al menos el más cercano? Esta es la <em>prueba de la verdad</em> de Marte, el dios que somete a juicio a la guerra, pues ninguna guerra le es ajena ni extraña: ¿cómo lo iba a ser la suya propia? Este es el flanco por el que desfallecería su <em>ética</em> y su <em>estética</em> y por el que podía atacarle con éxito su <em>conciencia</em>, el único juez ante el que responde. O casi el único: Júpiter le ha llamado al <em>orden</em>. Marte, hijo mío, tu <em>intención</em> es buena; pero te has excedido en tus funciones, te has pasado de la raya, para ser más preciso: la <em>competencia</em> en ciertos asuntos es exclusivamente mía, qué te crees; yo los juzgo o los dejo de juzgar según me plazca. El <em>placer</em>, o sea, el <em>poder</em> es mío: tú, hijo mío, no olvides que eres un subalterno. Puedes dormir con la conciencia tranquila, incluso con la <em>fama</em> satisfecha; porque aunque algunos sostengan con hiriente chulería que los <em>verdaderamente malos</em> son los perdedores -es su temor a la derrota, la desconfianza en sus propias fuerzas y, en suma, su pobreza en todos los sentidos la que, sin eximentes de ningún tipo, les arrastra al crimen-, en verdad los malos son los vencedores a causa de una evidente <em>cuestión de poderío</em>: el poder de los otros, sin duda nuestros enemigos, no es bueno, hijo mío; tú bien lo aprendiste, Marte, de pequeño. De modo que deja de fastidiar a tu padre y no hagas más el niño, que ya no eres un jovencito y, por más años que cumplas, no ocuparás el <em>lugar</em> más elevado: Júpiter es el rey del Olimpo. Reflexiona y seguirás siendo uno de sus virreyes. Eres libre, yo te absuelvo; pero prueba de tu propia medicina y no cometas de nuevo los mismos errores: ¡eres capaz de intentar resarcirte a ti mismo ahora que, además de vengador justiciero, eres reivindicativa víctima! Pero no olvides que lo que ha hecho Júpiter contigo es salvarte y recuerda que, como <em>hombre</em>, no eres tan humano como tus amigos: quizá más, sin duda más; pero poderoso, institucional y, en cierto modo, divino. Divino de los pobres, pero divino al fin y al cabo. Aún más lo serías si comprendieras que los ricos también lloran, chico, y no sólo por este motivo han de estar sometidos para bien o para mal a nuestro gobierno.</span></p>	
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<title>Los integristas: sin faldas y a lo loco</title>
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		<description><![CDATA[ Los chicos con los chicos y las chicas con las chicas: ellas con faldas y, además, largas; y ellos con pantalones, no por supuesto cortos. El pantalón hace al hombre y la falda a la mujer, pero ambas prendas han de ser igualmente extens... 
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	<pubDate>Wed, 09 Sep 2009 13:26:00 -0500</pubDate>
<category>Pantalones en Jartum</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">Los chicos con los chicos y las chicas con las chicas: ellas con faldas y, además, largas; y ellos con pantalones, no por supuesto cortos. El pantalón <em>hace</em> al hombre y la falda a la mujer, pero ambas prendas han de ser igualmente extensas: las piernas desnudas, incluso las de los varones, con sus nalgas y pantorrillas al aire, son de una intensidad malvada, endemoniada --quizá, sobre todo, por infantil. En realidad los hombres y las mujeres son unos animales vestidos, tapados, cubiertos por un velo de autoridad, sumisión y silencio que no sólo afecta al cuerpo sino, a través de esta estúpida y perversa afección, al nacimiento del alma en su seno, es decir, al efecto del encarcelamiento del cuerpo que crece abombado hacia el <em>interior</em> de faldas y pantalones: o sea, el espíritu que hace de un chico un hombre y de una chica una mujer, y les hace internos, ocultos, secretos como la enfermedad, el miedo, la angustia o el abandono. El espíritu es, claro, el de la ropa en cuestión, uno para los chicos y otro para las chicas y, para los dos, fundamentalmente el mismo: taparse, por Dios, taparse. ¿Qué ocurrirá el día en que ellas quieran vestir la minifalda y algunos de ellos también? El tiempo de la desnudez avanza: ¿lo pararán los simples y los malvados? Los integristas son unos tipos que van sin faldas, pero igualmente a lo loco --y los únicos que les apoyan son las integristas que caminan detrás de ellos animándoles a que sigan desbrozando la misma senda cerrada y obtusa: dos más dos suman cuatro; quien no dijo cuatro, latigazo, zas. La <em>semejanza</em> entre unos y otras va más allá de los pantalones y las faldas: está íntegramente situada en la más malvada de las simplezas y la más simple de las maldades --los pobrecitos todavía no han visto nada.</span></p>	
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<title>Vergüenza de que la crítica política sea la sexual</title>
	<link>http://felipevallezubicaray.blogia.com/2009/081301-verguenza-de-que-la-critica-politica-sea-la-sexual.php</link>
		<description><![CDATA[ ¿A quién le importa el César y si jode y con quién lo hace? Al Papa y sus hijos laicos y republicanos: pues bien, jode y con quien le place, no como los que ni siquiera pueden querer follar porque el sexo es malo y, si a&amp;u... 
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	<pubDate>Thu, 13 Aug 2009 21:52:00 -0500</pubDate>
<category>Berlusconi y la crítica</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">¿A quién le importa el César y si jode y con quién lo hace? Al Papa y sus hijos laicos y republicanos: pues bien, jode y con quien le place, no como los que ni siquiera pueden querer follar porque el sexo es malo y, si aún lo quieren y aún lo hacen, han de hacerlo a escondidas y como si no lo hicieran ni lo quisieran, pues no hay que querer el mal, o sea, siempre habrán de negarlo y desmentirlo --pues son, efectivamente, unos negados de su santo padre. Pero, claro, hacen el amor con sus esposas y en nombre de la perpetuación de la especie o incluso de la salud y conservación de la pareja, pero jamás por buscar el placer o arrebatados por la pasión y el deseo: de dos en dos, por los dos o por un tercero que está por venir, pero nunca de seis en seis y porque les sale del cuerpo del que follar es el alma. El César es político, pero para el Papa la política es el sexo: quién jode, cómo y con quién, por qué y para qué lo hace. No hay nada como la negación del sexo, pero si no hay más remedio que follar hay que controlarlo como si su practicante fuera un malvado: o sea, hay que fastidiar al follador, hay que joder al mundo, porque el mundo está lleno de cuerpos que hacen lo que les sale y les gusta y lo aman. El Papa y cualquiera de sus hijos políticos y naturales montan su poder sobre el sexo y siempre con la idea de joder al prójimo en lo que el prójimo tiene precisamente de intocable y es sin embargo atacado como si fuera realmente vulnerable: un ataque en el que nadie cree y que no importa a nadie, pues es como pelearse con el aire. Si a estas alturas el hijo rivaliza con el padre, ¡qué le vamos a hacer! Realmente es su problema, aunque los demás tengamos que asistir a la anacrónica pelea sorprendidos e incluso estupefactos: ¡el César folla, fijaos, y los hombres y mujeres del siglo XXI hacen el amor sin preocuparse de los montajes papales y similares sobre el sexo! Lástima que los políticos sean todavía de otra era y por el poder sean capaces de no salir aún de la Edad Media, la Moderna ni la Contemporánea: ¿acaso ignoran que hay vida, y poder, después de después de Cristo? Pues bien, todavía hacen la política de los negados y los hipócritas sexuales: una vergüenza que la crítica política sea la sexual incluso en un caso en que no hay César ni nada.</span></p>	
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<title>La creación de la verdad</title>
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		<description><![CDATA[ A veces la creación de la verdad conduce lejos: arrastra a la comisión de un crimen, pero nadie puede tachar al creador de falso y mentiroso. No sólo ha buscado la verdad, sino que por si acaso no la encontraba la ha fabrica... 
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	<pubDate>Wed, 12 Aug 2009 21:42:00 -0500</pubDate>
<category>Wallace Souza Televisión</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">A veces la creación de la verdad conduce lejos: arrastra a la comisión de un crimen, pero nadie puede tachar al creador de falso y mentiroso. No sólo ha buscado la verdad, sino que por si acaso no la encontraba la ha fabricado con entera libertad y ha sido el primero en dar la noticia de lo que todos creen es ajeno a la voluntad periodística e incluso no creado por mano alguna. Pero el asesino ha enseñado al mundo que la verdad es una creación televisiva por la que a veces hay que mancharse de sangre las manos: quizá no es un precio a pagar tan elevado por demostrar que la verdad no es obra de los dioses sino que pertenece a los hombres en exclusiva. Nunca como en esta ocasión el periodismo ha sido el portavoz de la verdad sin ayuda de fuera, pues no ha necesitado más que sus solos y propios medios: él lo ha hecho todo, el acontecimiento y la noticia, y al menos por una vez ha podido prescindir de todos los personajes que contribuyen junto a él a la creación de las verdades de la gente: desciende el descenso del paro, el hijo de la tonadillera enamora a las mujeres, la crisis remite, Europa es una, las tropas españolas desplegadas en el extranjero hacen el amor en vez de la guerra... Disculpen por favor la humorada, pero es que hemos bajado al infierno de este trágico suceso por el cual el periodista es a la vez el continente y el contenido de nuestro noticiero: nadie como él ha llegado a ser tan uno con la verdad. Y la verdad tan idéntica a él mismo: tanto, que es quizá el primer ejemplo auténtico y real de periodismo independiente y dueño de sí mismo.</span></p>	
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<title>Tan raro como un hombre libre</title>
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		<description><![CDATA[ El personaje oculta al hombre, que en el fondo es un niño con un gran público a su alrededor: unos le aman y otros le odian, pero no deja indiferente a nadie. Seguramente con él el fascismo y el comunismo, por enlazar ambos extre... 
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	<pubDate>Tue, 11 Aug 2009 21:33:00 -0500</pubDate>
<category>Dragó</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">El personaje oculta al hombre, que en el fondo es un niño con un gran público a su alrededor: unos le aman y otros le odian, pero no deja indiferente a nadie. Seguramente con él el fascismo y el comunismo, por enlazar ambos extremos, serían otra cosa; pero para unos es lo otro y para otros es lo uno: en lo que ambos bandos estarían de acuerdo es en aplicarle la supuesta descalificación de anarquista: una doctrina que le cuadra tanto como al cristo y al buda las suyas propias. Pero el personaje tampoco nos lega un movimiento, el dragonismo o cosa parecida, sino que sigue el de todos los hombres que son y han sido libres: diferentes, imprevisibles, únicos, sorprendentes. Y solitarios, lejanos, forasteros, pero con una casa abierta en cada lugar en que reina la libertad, que es una república sin presidentes ni ciudadanos, generales ni soldados, porque es el reino sin corona de los guerreros que la conquistan y, una vez conquistada, la vuelven a conquistar, porque siempre está un poco más allá, exactamente un poco más afuera. Hombres que no son dueños más que de sus zapatos, hombres que carecen de posaderas, hombres que viajan sin moverse, piensen, señores, piensen: hombres que son quienes son o no son nada y, encima, escriben, porque si no escribieran -si no leyeran- morirían de la peor muerte conocida, de la muerte en vida. Pero Dragó vive y vivirá por largos años -una mala manera de medir la vida-, y cuando por fin nos deje no será ya otro como lo hubiera sido de dejar de escribir mientras vivía, sino que será una vez más el mismo de siempre más allá del amor que le profesa el pueblo, la provación que causa entre los esclavos -tanto jefes como subordinados- y las polémicas que suscita entre quienes no saben con quién pelean. Porque ¿quién es Dragó? ¿Un fantasma? ¿Un héroe? ¿Un villano? ¿O acaso un fenómeno? Dragó es la encarnación de la fe, el entusiasmo, la pasión y el deseo: mejor dicho, Dragó es el que cree, el que afirma, el que ama. Dragó es un hombre libre que es un hombre porque es libre y es libre porque es un hombre. Qué tiempos los nuestros en los que un hombre libre es tan raro... y tan normal un borrego.</span></p>	
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<title>Vivo en un vídeo clip</title>
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	<pubDate>Wed, 08 Jul 2009 13:42:00 -0500</pubDate>
<category>Michael Jackson</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: comic sans ms,sans-serif;">Michael Jackson no ha muerto; lo hizo a una edad indefinida hace casi medio siglo y esta primera muerte fue premonitoria de lo que luego sería su vida: la muerte a través de la cual nacería de verdad a una nueva vida y sería en cierto modo el verdadero padre de sí mismo, fuera cual fuese el resultado siempre incierto de su amor con la mujer que él también era y no tenía nada que ver con el tipo de sexualidad que prefería; fue mujer para ser engendrado y parir en él mismo como una nueva naturaleza casi inaudita. Un Michael Jackson es desde entonces un ser <em>virtual</em> carente de sexo, edad, color, salud e incluso vida, que ha de entregar su existencia a la pira de la virtualidad en la que enciende su máscara, o sea, su persona: la base de todas sus operaciones, el material primario a partir del cual elabora todas sus transformaciones, en especial la que hace de él un ser de otra dimensión, no tanto un artista como a través del arte de la música y el baile que a él lo llena un brillante y espectacular muñeco de cuerda de la nueva era tecnológica subsidiario de la humanidad que es su carne como para un fabricante de hamburguesas también lo sería. Pero no hay nada vulgar en un ser de la virtualidad de Michael Jackson, pues a pesar de ser perseguido por la típica basura que muchos de los tipos virtualmente inconscientes que dominan por mayoría la realidad arrojan a la cola de las estrellas divergentes como su al parecer ineludible carga de destino el único Michael Jackson real, vivo y existente es un cristal frágil, pero irrompible, al que la oscuridad repentina de la muerte le devuelve el valor de la extraordinaria luz que refleja a través de su vida forjada en el reino del mayor espectáculo del mundo del que fue cliente, cobaya y rey, y que abarcó en cuerpo y alma toda su existencia, pues no hubo en él separación entre lo físico y lo psíquico, lo público y lo privado, lo real y lo imaginario. Extraño juego de relevos el que al final tuvo lugar entre la negritud y la blancura o los polos opuestos confundidos y alternándose sin solución de continuidad alguna: una imagen que quiso ser por completo realidad y una realidad que no pudo ser del todo imagen, y la misma naturaleza de fondo lograda a través de la muerte virtual y la vida real de un <em>ex humano</em> que al parecer fue un hombre bueno, quizás un poco más sensible o tal vez un poco más inteligente que el resto, pero un hombre bueno como tantos otros que sin embargo vivió y murió como muy pocos de ellos. Ah, y lo olvidaba: cantaba como un ángel negro, bailaba como un demonio blanco, y aún hace ambas cosas como nadie. Porque Michael Jackson no ha muerto; vive en el mismo vídeo clip en que ha vivido siempre.</span></p>	
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